"Alergia" e "intolerancia" se usan a veces como sinónimos, pero no lo son, y la diferencia importa: una puede poner en riesgo la vida en minutos y la otra, aunque incómoda, no. Saber distinguirlas os ayuda a reaccionar con la urgencia justa, ni de más ni de menos.
Alergia o intolerancia: no es lo mismo, aunque se confundan
Alergia alimentaria: es una reacción del sistema inmunitario, que identifica por error una proteína del alimento como una amenaza. Puede aparecer en minutos y afectar a la piel, el aparato digestivo, la respiración e incluso la circulación. En su forma más grave se llama anafilaxia, y es una urgencia médica real.
Intolerancia alimentaria: no interviene el sistema inmunitario. Es una dificultad del aparato digestivo para procesar bien una sustancia (el ejemplo más conocido es la lactosa). Los síntomas son digestivos —hinchazón, gases, dolor de tripa, diarrea— y suelen depender de la cantidad tomada: un poco puede sentar bien y una cantidad mayor, mal. Es molesta, pero no supone un riesgo vital.
Una tercera categoría distinta de ambas es la enfermedad celíaca: no es una alergia ni una intolerancia clásica, sino una reacción autoinmune al gluten que daña el intestino a largo plazo, y que se diagnostica y maneja de forma específica con el pediatra o el digestivo infantil.
Los alérgenos alimentarios más comunes en la infancia
- Leche de vaca: el más frecuente en el primer año de vida.
- Huevo: especialmente la clara.
- Frutos secos y cacahuete: entre los que con más frecuencia causan reacciones graves.
- Pescado y marisco.
- Trigo.
- Soja y sésamo.
La buena noticia es que muchas alergias alimentarias de la infancia, sobre todo a la leche y al huevo, se superan con el tiempo. Otras, como la de frutos secos, tienden a ser más persistentes.
Cómo se introducen con seguridad
Ya lo explicamos con más detalle en el artículo sobre alimentación complementaria (0-12 meses): la evidencia actual recomienda introducir los alimentos alergénicos de forma temprana, a partir de los 6 meses, en lugar de retrasarlos como se hacía antes. El resumen práctico:
- Introducid un alimento nuevo cada vez, en cantidad pequeña, y esperad 3-4 días antes del siguiente si os preocupa una posible alergia.
- Hacedlo en casa, en un momento del día en que podáis observar al niño durante las horas siguientes, no justo antes de dormir o de salir.
- Una vez comprobado que se tolera, mantened el alimento en la dieta de forma regular: introducirlo una vez y no repetirlo no sirve para "afianzar" la tolerancia.
- Los frutos secos siempre molidos o en crema, nunca enteros, por riesgo de atragantamiento además de alergia.
- Si hay antecedentes familiares de alergia grave o dermatitis atópica importante en el bebé, habladlo antes con el pediatra: puede recomendar introducir ciertos alimentos bajo supervisión.
Síntomas de una reacción leve
La mayoría de las primeras reacciones alérgicas son leves y se limitan a la piel o al aparato digestivo:
- Ronchas o habones (urticaria) en una zona localizada, normalmente alrededor de la boca.
- Picor o enrojecimiento leve.
- Algún vómito aislado o molestias digestivas puntuales.
Qué hacer: retirad el alimento, observad de cerca al niño durante la siguiente hora, y comentadlo con el pediatra antes de volver a ofrecer ese alimento. Si el pediatra os ha pautado antihistamínico para estos casos, es el momento de usarlo; si no, no lo administréis por vuestra cuenta sin consultarlo antes.
Síntomas de una reacción grave: anafilaxia
La anafilaxia es una reacción alérgica generalizada y de instauración rápida que afecta a más de un sistema del cuerpo a la vez. Las señales de alarma son:
- Hinchazón de labios, lengua o garganta.
- Dificultad para respirar, pitidos al respirar, o voz ronca de aparición repentina.
- Urticaria generalizada (no solo en una zona) junto con vómitos o diarrea intensos.
- Palidez repentina, flacidez o pérdida de fuerza, mareo importante.
- En niños mayores, sensación de que "algo va muy mal", angustia intensa.
Qué hacer ante una anafilaxia:
- Llamad al 112 de inmediato.
- Si el niño tiene pautado un autoinyector de adrenalina (tipo Jext o similar), aplicadlo sin demora en la cara externa del muslo, incluso a través de la ropa.
- Tumbad al niño con las piernas algo elevadas, salvo que tenga vómitos o mucha dificultad para respirar, en cuyo caso mantenedlo semisentado.
- Si a los 5-10 minutos no mejora, y disponéis de una segunda dosis de adrenalina, administradla.
- Acudid siempre a urgencias después de usar adrenalina, aunque los síntomas hayan mejorado: puede haber una segunda oleada de reacción horas después.
Si ya ha habido una reacción alérgica confirmada
Tras una primera reacción, lo habitual es que el pediatra derive a alergología infantil para confirmar el diagnóstico con pruebas específicas. Si se confirma la alergia, es buena idea tener un plan de acción por escrito, informar a la guardería o el colegio, revisar el etiquetado de los alimentos para detectar trazas, y, si el pediatra lo indica, llevar siempre encima el autoinyector de adrenalina.
Este artículo tiene un objetivo informativo y no sustituye la valoración individual de vuestro pediatra o alergólogo infantil. Ante una sospecha de alergia alimentaria, o una reacción con síntomas de anafilaxia, buscad siempre atención médica: no esperéis a que la situación se resuelva sola.